domingo, 28 de mayo de 2017

¿PUEDEN AYUDAR LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS A LA SALUD Y PRL?

Desde luego que la respuesta es positiva.


Al respecto nos hacemos eco de un artículo publicado en www.eleconomista.es. En el mismo, y como base, se afirma que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) asegura que en España se trabajan 1.691 horas anuales, más que en el Norte de Europa y, sin embargo, el rendimiento que se produce es mucho menor.


Con este marco, resulta oportuno aportar los aspectos identificados por los expertos de The Valley, relativos al  uso de las nuevas tecnologías, para lograr una mayor productividad..

  • Flexibilidad laboral y reducción del estrés: Se deben explorar nuevas formas de trabajo que aporten mayor flexibilidad, como es el caso del teletrabajo, ampliamente basado en el uso de nuevas tecnologías.
  • Análisis de datos frente a riesgos laborales: Se debe tener en cuenta el Big Data para predecir accidentes de trabajo, aspecto ya evidenciado y comenzado a impulsar por la OIT. La predicción del comportamiento humano, realizada de manera científica, se revela como un medio de capital importancia para reducir la siniestralidad.
  • Mejora de la motivación de los trabajadores: La formación y el fomento de la participación de los trabajadores es un aspectos básico. Las plataformas digitales pueden ser herramientas básicas para impulsar estos aspectos.
  • Supervisión rápida y efectiva de errores: El uso de tabletas y teléfonos móviles permiten remitir las observaciones, recibir alertas, etc. Todo este proceso conlleva menor probabilidad de errores y muchísimo menos tiempo de gestión en comparación con los procedimientos tradicionales.
  • Minimización de riesgos laborales: Los riesgos a los que se someten las personas pueden ser minimizados con el uso de drones, sensores, sistemas inteligentes, etc. Resulta evidente la relación entre el uso de nuevas tecnologías y reducción de accidentes, especialmente si se aplican a tareas con especial peligrosidad.
  • Simulación de tareas peligrosas y uso de maquinaria compleja: El uso de simuladores para el entrenamiento  ayuda a mejorar la utilización de equipos de trabajo reduciendo la posibilidad de que ocurra un error humano.

Para mayor abundamiento, os dejamos el artículo citado y publicado en www.eleconomista.es.

http://www.eleconomista.es/tecnologia/noticias/8324182/04/17/Seis-beneficios-de-las-nuevas-tecnologias-para-la-salud-y-prevencion-de-riesgos-laborales.html

domingo, 21 de mayo de 2017

¿SERÍA POSIBLE EN ESPAÑA TRABAJAR SIN JEFES?

Si continuamos con el título, quizás más que si jefes deberíamos decir sin estructura jerárquica definida o con un tipo de organización que otorgara mayor libertad a los individuos que forman parte de la misma. Evidentemente, no disponer de jefes no implica que no exista una organización y que cada integrante  tenga asignado un rol dentro de la organización.

Leyendo un artículo, del que adjuntamos enlace, nos ha dado por reflexionar acerca de si esta experiencia sería extrapolable a nuestro país.

Es lógico pensar que hay numerosos factores que harán que esta posibilidad sea o no factible:
  • Perfil de los trabajadores: Unos determinados perfiles profesionales y/o personales harán que sea más fácil, o no, prescindir de jefes o mayor estructura jerárquica. Pensamos que la mayor cualificación profesional puede ser un facilitador para implantar sistemas de organización más "liberales". 
  • Sector de la empresa: Dependiendo, creemos que, fundamentalmente de los compromisos comerciales que se adquieran con los clientes será más adecuado o no disponer de responsables que respondan del buen fin de las operaciones contratadas con los clientes. Es lógico pensar que será más complicado prescindir de responsables en una empresa de mensajería que en una consultora.
  • Tamaño de la empresa: También puede ser razonable pensar que si la empresa tiene un tamaño elevado será necesario disponer de una organización jerárquica mínima. En una organización pequeña la jerarquía dispondrá de menor peso en la organización.
  • Factores culturales: Este factor se nos antoja muy importante. Hay países, o zonas geográficas, donde la responsabilidad personal y la importancia de pertenencia a un grupo (empresa, país...) está profundamente arraigada. Digamos que se dispone de un sentido colectivo; la existencia de dicho sentido colectivo y el sentimiento de responsabilidad también puede ser un enorme facilitador para implantar sistemas organizativos con menor carga jerárquica.
  • La organización funcional: Para que esto sea factible, cada persona debe conocer su cometido muy bien así como el enlace con otros puestos de trabajo de la empresa. El riesgo de "anarquía" puede ser alto en sistemas organizativos con mínima carga jerárquica si no se conoce profundamente, por parte de los integrantes de la organización, las interrelaciones funcionales del sistema organizativo.
  • Por otro lado, resulta complicado también el ser un "profesional libre" que debe organizarse su trabajo diariamente aunque sea dentro de una empresa como trabajador por cuenta ajena. Es más sencillo tener el trabajo definido y limitarnos a realizarlo...aunque luego nos quejemos de jefes, pero cuando lo tenemos, lo buscamos.
En mayor síntesis, pensamos que para poder caminar hacia una empresa "sin jefes" debemos disponer de una empresa no muy grande (quizás menor de 50 trabajadores), dedicada a prestar servicios en algo que no exija inmediatez, con personal con alta cualificación y, además, instalada en un lugar en el que las personas dispongan de un sentido colectivo elevado. Justamente lo que sucede en el ejemplo que acompañamos, una consultora sueca de 40 empleados.

Si pensamos en nuestro país, hemos podido oir hace poco que la mayoría de nuestros jóvenes prefieren un trabajo de funcionario antes que emprender cualquier tipo de iniciativa propia. No parece un buen síntoma para poder trabajar "por cuenta propia" dentro o fuera de una empresa. 

De momento, nuestra opinión es que en España estamos lejos de poder implantar sistemas organizativos poco jerarquizados, fundamentalmente por factores culturales y organizativos, aunque seguro que hay casos en los que es posible y funcionarían adecuadamente; pero nos tememos que la generalidad precisa aún de una estructura jerárquica definida y conocida.

De todos modos, esta experiencia puede ser muy válida para reflexionar hasta qué punto se puede optimizar el sistema organizativo de la empresa, funciones, controles, etc.

Os dejamos un enlace con la experiencia de la empresa sueca que emprendió el camino de trabajar sin jefes y publicado en www.bbc.com.

http://www.bbc.com/mundo/noticias-39007890?platform=hootsuite

domingo, 14 de mayo de 2017

HORAS DE TRABAJO Y TRABAJO A TURNOS. INFLUENCIA SOBRE LA PRL

Otro de los aspectos que se aborda en el proceso de Auditoría del Sistema de Gestión de Prevención de Riesgos Laborales es la Jornada de Trabajo, tanto en duración como en distribución. Sin duda, los excesos en cualquiera de estos dos sentidos colocan a los trabajadores en situaciones de mayor riesgo laboral y debes ser objeto de especial atención en caso de producirse.

Es un aspecto que va adquiriendo importancia en la aplicación de la prevención de riesgos laborales conforme se va desarrollando la misma. Prueba de ello es que, en el año 2016, España ha debido modificar la legislación sobre jornadas especiales de trabajo, el RD 1561/1995 y, concretamente, en su apartado sobre trabajo nocturno, ello mediante el RD 311/2016.

El asunto es de enorme calado ya que influye, o puede influir, notoriamente sobre la vida de los trabajadores a todo nivel. El objetivo de estas líneas es solamente aportar, al respecto de la Jornada de Trabajo, algunos pensamientos:
  • Existen efectos combinados de la situación del trabajo a turnos con factores relacionados con el lugar de trabajo, dado que los riesgos existentes pueden verse agravados por la situación de trabajo a turnos y, por tanto, sus posibles consecuencias así como la probabilidad de incremento de accidentes. La Evaluación de Riesgos debe profundizar en estos aspectos.
  • La tolerancia al trabajo a turnos varía de unas personas en función de factores como, por ejemplo,  las características de personalidad, la edad o aptitud física. Por tanto, en aras de la siniestralidad o, en general, del cuidado de la salud; por tanto, debe estudiarse la jornada de trabajo teniendo en cuenta las características individuales de cada trabajador, sobre todo o especialmente cuando la jornada no sea la ordinaria.
  • El trabajo a turnos produce efectos probados sobre la somnolencia o como el síndrome metabólico, tiene influencia sobre la salud psíquica, obesidad, enfermedades coronarias, etc. Es indubitable la relación, negativa, entre el trabajo a turnos y la salud.
  • El trabajo por turnos puede repercutir negativamente en la vida familiar, la participación en la actividad institucional y las relaciones sociales. La magnitud de los problemas que pueden producirse está en función de diversos factores, como la naturaleza del sistema de turnos, el sexo, edad, estado civil y estructura de la familia del trabajador, así como de la extensión del trabajo por turnos en la zona geográfica donde se ubique el puesto de trabajo.
  • Aparte de los posibles efectos del trabajo por turnos sobre la salud del trabajador, el rendimiento laboral también puede verse afectado. Las diferencias individuales se han revelado con frecuencia como la variable más influyente en el rendimiento.
  • Resulta, por lo anterior, que la organización del trabajo debe tener en cuenta aspectos como los anteriores para el diseño de los turnos de trabajo, tanto a nivel de organización de sistema como la asignación de personas a los distintos turnos no teniendo solamente en cuenta la capacitación profesional. En el capítulo de la Enciclopedia de la OIT que acompañamos se aportan algunas pautas a seguir en función de distintos tipos de turnos -trabajo nocturno permanente o sistemas de turnos rotación rápida o lenta-, duración de los turnos, horario de los mismos, distribución del tiempo libre en los sistemas de turnos, optimización del sistema de turnos así como pautas sobre el descanso posterior. 
En lo que respecta exclusivamente a la gestión de prevención de riesgos laborales, parece conveniente -incluso necesario- que los aspectos relativos a la jornada de trabajo se encuentren incluidos en la Evaluación de Riesgos y, en su caso, en la Planificación de la Actividad Preventiva. Y esto es menos frecuente de lo deseable, y debería serlo teniendo en cuenta mandatos como la integración de la gestión preventiva y la necesaria transversalidad de la misma.

Para mayor abundamiento, acompañamos el enlace a la Enciclopedia de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), concretamente al capítulo sobre Horas de Trabajo como Riesgo General y que ha servido,en parte, de base a esta información.


viernes, 5 de mayo de 2017

UNA OPINIÓN: ¿OBLIGAR A LAS EMPRESAS A INTERNALIZAR LA GESTIÓN PREVENTIVA?

Casi desde la entrada en vigor de la Ley 31/95 de Prevención de Riesgos Laborales se ha estado discutiendo sobre la figura del Servicio de Prevención Ajeno y su virtualidad. Recientemente, se vuelven a poner en la palestra dudas sobre esta figura creada por la Ley 31/95 de Prevención de Riesgos Laborales y se piensa en obligar a las empresas a disponer de medios propios para asumir la actividad preventiva.

Lejos de realizar un profundo análisis del asunto, pues es un tema poliédrico y de enorme complejidad además de que este medio no lo permite, nos vamos a permitir aportar algunas líneas de pensamiento con el objetivo de que nos ayuden a disponer de un criterio completo al respecto.

En nuestra opinión, y tras actuar en la aplicación de la prevención de riesgos laborales en las empresas desde varios puntos de vista, no nos parece que la modalidad de la organización preventiva sea un factor muy determinante para obtener buenos o malos resultados en lo relativo a siniestralidad. O mejor dicho, hay factores que nos parecen más importantes y sobre los que habría que actuar prioritariamente, aunque los resultados puedan llegar a medio-largo plazo..

Cuando comenzamos un proceso de Auditoria Reglamentaria en Prevención de Riesgos Laborales (PRL), mantenemos una reunión con la Dirección de la Empresa y con los Responsables de la Gestión Preventiva de la misma. El objetivo de esta reunión suele ser sondear, inicialmente, la implicación dela Dirección en la aplicación de la PRL y, para ello, comprobar cómo se ha organizado la actividad preventiva en base a los modelos establecidos en la normativa (fundamentalmente en el RD 39/97 Reglamento de los Servicios de Prevención). Especialmente es significativo conocer cómo se argumenta el qué se haya organizado de una u otra manera; esta conversación nos dará bastantes pistas acerca de lo que nos vamos a ir encontrando en el proceso auditor y, en consecuencia, se podrá ayudar más y mejor a la empresa auditada.

Pero ahora se discute si los Servicios de Prevención Ajenos (SPA)son la modalidad adecuada, aunque haya sido la elegida por la mayoría de las empresas. 

Es cierto que el control sobre las actuaciones de los SPA debe homogeneizarse e incrementarse, así como resulta necesario establecer criterios de calidad para la actividad, no solamente ratios y recursos. 

Pero no debemos olvidar que nos encontramos en un país con una cultura preventiva manifiestamente mejorable y que el cambio estable, a la baja, en las cifras de siniestralidad cabe esperarlo a largo plazo como producto de un cambio cultural, no como respuesta a modificaciones legislativas.De ello tenemos numerosas pruebas pues los cambios legislativos han sido numerosos desde 1.995, fecha de promulgación de la Lay 31/95 de Prevención de Riesgos Laborales, y los resultados sobre la siniestralidad no han sido los esperados ante una ingente cantidad de modificaciones legislativas.

¿Es la autogestión de la PRL la solución o parte de la misma? En nuestra opinión, los SPA han sido la herramienta que ha llegado a muchas empresas y se haya hablado de PRL, al menos. En un entorno de falta de cultura preventiva, ¿quién apoyará al empresario que esté autogestionando su labor preventiva? ¿Se va a obligar a incrementar costos de manera desmesurada obligando a la contratación de técnicos PRL en empresas de reducido tamaño o bajo riesgo? ¿Tiene la Administración recursos para llegar a todas las empresas del país que lo requieran?

No es lógico pensar que un cambio de modelo de organización preventiva vaya a conseguir revertir la sempiterna relación entre nivel de empleo y siniestralidad, en ambos sentidos. 

El SPA debe ser un órgano asesor que ayude y acompañe a la empresa en su gestión preventiva. No se trata de que o se internaliza o se externaliza, no tiene nada que ver con esto. El empresario ha de haber organizado, de todos modos, como va a gestionar su actividad preventiva independientemente de que haya concertado el asesoramiento y apoyo con un SPA o no lo haya hecho. Las responsabilidades relativas a la seguridad y salud de los trabajadores siempre son del empresario y son indelegables.

Si empezamos por el principio, quizás por donde siempre se debe comenzar, pensemos si habría que fomentar la formación en PRL teniendo en cuenta aspectos como:
  • En la Educación Reglada de base, los sistemas educativos deben comenzar a valorar la prevención como un factor cultural más.
  • La formación a trabajadores es el mejor arma para que la prevención llegue a todo nivel en la empresa y no debemos olvidar que estamos ante formación de adultos.
  • La formación de los Técnicos de Prevención de Riesgos Laborales debe ser mejorada y controlada, además de seguir dando pasos hacia la especialización.
Es razonable pensar que si enfatizamos en la autogestión se mantenga, como mínimo, la prevención documental con la posible aparición de fórmulas alegales de organización apoyadas en diversas herramientas, algunas facilitadas por la Administración, y dificultando el control de la actividad preventiva por parte de la Inspección de Trabajo, la cual hoy actúa sobre los SPA como un aglutinador que les facilita optimizar sus recursos.

Por último, la mejora vendrá dada por un cambio paulatino en la actitud de cada uno de nosotros, en el empresario dando cierto peso a los criterios preventivos a la vez que a los económicos y organizativos, y en el trabajador aceptando y participando en la formación que se le ofrezca así como el uso adecuado de los medios de protección que se le faciliten, por ejemplo.¿Y si se incide en realizar en las empresas acciones dirigidas a la mejora de la cultura preventiva -a todo nivel de la organización- y en las que una formación realmente eficaz puede adquirir un papel protagonista? 

Conseguir este cambio cultural y, por tanto, de actitudes conllevará una real mejora de la siniestralidad y perderá importancia el modelo de organización preventiva que se adopte pues éste será, y es, solamente un medio, nunca parte de la causa de que la siniestralidad aumente o disminuya.