domingo, 30 de abril de 2017

6ª ENCUESTA NACIONAL DE CONDICIONES DE TRABAJO INSHT. PRINCIPALES DATOS

Recientemente, ha sido publicada por el INSHT la 6ª Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo en España, que parte de los datos de 2.015. Se facilitan en esta información las conclusiones y datos principales mediante el Resumen Ejecutivo de la citada Encuesta.

  • Los datos deben ser valorados en el marco de cambios demográficos, tecnológicos y laborales. La población ocupada muestra un claro envejecimiento, debido, en buena parte, a la importante destrucción de empleo juvenil durante la crisis. Asimismo, la proporción de mujeres ocupadas crece, si bien aún se mantiene una marcada segregación tanto ocupacional como jerárquica entre sexos. El empleo de tecnologías de información y comunicación se extiende a nuevas ocupaciones, al tiempo que su uso se intensifica. De esta forma, en 2015 casi uno de cada tres ocupados utiliza para desarrollar su trabajo, siempre o casi siempre, ordenadores u otro equipamiento informático. 
  • Influencia de la crisis económica: Las reestructuraciones laborales han afectado a los centros de trabajo del 21% de los entrevistados, a 6 de cada 10 entrevistados habían sido informados con anterioridad a que se produjera la reestructuración y a menos de dos de cada diez se les solicitó su opinión. El 47% de los trabajadores habían experimentado cambios en sus condiciones laborales en el último año (incremento de jornada, tareas y responsabilidades así como reducción de salario). Por su parte, la distribución de ingresos muestra que 3 de cada 4 mujeres declaran tener ingresos bajos y en los hombres son 2 de cada 4, y por edad, el 75% de los menores de 35 años obtienen salarios bajos, frente al 54% de los trabajadores de mayor rango de edad. Un 55% de los asalariados tiene un salario fijo, el 40% tiene un salario fijo más complementos de diversa naturaleza y el 5% no tienen salario fijo y sólo perciben pagos variables. Entre los trabajadores de industria lo perciben casi el 10% y es más frecuente cuanto mayor es el tamaño de plantilla del centro donde trabaja. El 22% de los trabajadores considera bastante posible perder su trabajo en los siguientes seis meses, la misma proporción que en 2010 y ocho puntos porcentuales más que en 2005 (14%). A este respecto, no hay diferencias por sexo pero sí las hay por edad (manifiestan más inseguridad los jóvenes menores de 35 años), por situación profesional (asalariados), por tipo de contrato (temporales y trabajadores sin contrato) o por tipo de jornada (jornada a tiempo parcial). Al menos el 15% de los trabajadores autónomos podrían ser calificados como “autónomos dependientes” (Trade) ya que cumplen el criterio de que al menos el 75% de sus ingresos provienen de un único cliente.
  • La exposición a riesgos físicos y ambientales no mejora: Los riesgos físicos y ambientales más señalados por los trabajadores, (exposición mínima durante el 25% de su jornada) son las altas y bajas temperaturas (36% y 25%, respectivamente) y el ruido elevado que obliga a levantar la voz (28%). Desde 2010 no se aprecia una mejora en las cifras de exposición a este tipo de riesgos, por el contrario han aumentado significativamente muchos de ellos; es el caso de la exposición a altas temperaturas (9,6 puntos porcentuales), la manipulación de productos o sustancias químicas (8,1 puntos), la manipulación de materiales infecciosos (7,8 puntos), o respirar vapores como disolventes o diluyentes (3,3 puntos). La exposición a estos factores de riesgo es más habitual entre los hombres; estos presentan frecuencias significativamente más altas que las mujeres en ocho de los nueve riesgos físicos y ambientales planteados, con la única excepción de la manipulación de materiales infecciosos. 
  • Creciente incidencia de riesgos ergonómicos: Los riesgos de carácter ergonómico más extendidos siguen siendo la exposición, durante al menos una cuarta parte del tiempo de trabajo diario, a movimientos repetitivos de manos o brazos, que afecta al 69% de los trabajadores, las posiciones dolorosas o fatigantes (54%) y llevar o mover cargas pesadas (37%). La actividad de levantar o mover personas implica al 11% de los trabajadores. También se observa que desde 2010 ha aumentado la exposición a todos ellos. 
  • Mayores exigencias de trabajo: En lo que respecta a los riesgos psicosociales, un tercio de los ocupados manifiesta que debe trabajar siempre o casi siempre a gran velocidad y el 35% debe cumplir plazos muy ajustados. Quienes deben hacer frente a la vez a ambas exigencias son más de una cuarta parte del total de los ocupados (26%). En este grupo destacan las Ocupaciones elementales (35%) y los Artesanos y trabajadores cualificados de industria y construcción (31%), así como las actividades de Construcción (33%) y Comercio y hostelería (31%). Para más de la mitad de los ocupados su trabajo implica tratar directamente con personas. Es una proporción creciente como también lo es la de tratar con clientes enfadados (21%), lo que supone una exposición a elevadas exigencias emocionales. En ambas circunstancias hay un mayor porcentaje de mujeres y de jóvenes. También es de destacar que para un 42% del total de los trabajadores su trabajo implica realizar tareas breves y repetitivas de menos de un minuto. 
  • Mayor autonomía en la realización de la tarea: Es muy relevante destacar el alto y creciente porcentaje de trabajadores (más de dos tercios) que disponen de autonomía para adecuar ritmos, métodos y orden de las tareas a sus propias necesidades. El determinante del ritmo de trabajo más frecuente es el que se deriva de “demandas directas de personas como clientes, pasajeros, alumnos, pacientes, etc.” (69%). La dependencia del ritmo de trabajo de factores externos hace que la probabilidad de tener que interrumpir la tarea que se está haciendo para realizar otra no prevista sea mayor. Esta circunstancia se da, con bastante frecuencia, en casi un tercio de los ocupados. La rotación entre tareas es una práctica organizativa que afecta al 43% de los asalariados de empresas de 10 o más empleados. Aún más son los asalariados de este tamaño de plantilla que trabajan en el seno de equipos o grupos de trabajo, el 62%. Sólo un 8% trabaja en equipos dotados de un alto grado de autonomía que permite a sus miembros decidir sobre la distribución de tareas, horario y dirección. El auge en los últimos años de las políticas de calidad en el trabajo ha impregnado las prácticas laborales de la mayor parte de los trabajadores, convirtiéndose la consecución de la calidad en una tarea intrínseca a la gran mayoría de las ocupaciones, tanto a través de procedimientos de trabajo que deben respetar de forma precisa lo establecido en normas de calidad (79%), como mediante la evaluación por parte del trabajador de la calidad de su propio trabajo (76%). 
  • Uso de EPI: El 41% de los trabajadores informa que su trabajo requiere el uso de EPI, un porcentaje similar al de 2010. La mayoría de los trabajadores lo utilizan siempre que es necesario, aunque es de señalar que un 9% reconoce que no siempre lo hace. 
  • Representación en los lugares de trabajo: Más de dos tercios de los asalariados españoles que trabajan en centros de 10 o más empleados cuentan con un representante legal de sus intereses laborales en general, en forma de comité de empresa o figura similar. Un porcentaje algo menor dispone de un representante específico para las cuestiones de salud y seguridad (delegado o comité de salud y seguridad en el trabajo). En ambos casos la presencia de estas figuras re­presentativas es superior en el tamaño de plantilla de 250 o más empleados. 
  • Jornadas de trabajo diversas: El número de días de trabajo semanal más común son cinco días (61%) y seis (24%). No obstante, se observa un incremento de la proporción de ocupados que trabajan menos de cinco días a la semana (5% en 2010 y 8% en 2015) y de los que trabajan los siete días de la semana (5% en 2010 y 7% en 2015). Por su parte, la duración media de la semana laboral se ha venido reduciendo en los últimos años, de 40,3 horas en 2005 a 36,9 horas en 2015. Esta evolución está en consonancia con el significativo aumento del porcentaje de trabajadores que realizan menos de 35 horas. Si bien la mitad de los trabajadores se encuentran satisfechos con la duración de su jornada laboral, aquellos que exceden las 40 horas semanales desearían trabajar menos y, por el contrario, aquellos que trabajan menos de 35 optarían, si pudieran, por trabajar más horas. En este último grupo son mayoría los jóvenes de hasta 35 años y las mujeres. Las mujeres son quienes acumulan más horas de trabajo totales, sumando a las actividades remuneradas las no remuneradas: labores domésticas y cuidado de familiares. De esta forma, si los hombres, de media, dedican 14 horas semanales a estas actividades no remuneradas (tanto si tienen jornada completa como si tienen jornada parcial), las mujeres dedican 25 horas con jornada completa y, con jornada parcial, hasta 30 horas. En la mayoría de los casos, son las empresas las que deciden el horario laboral de los trabajadores sin posibilidad de cambios por parte de estos (65%). No obstante, el 6% de los ocupados puede elegir entre varios horarios fijos; el 13%, adaptar sus horas de trabajo dentro de ciertos límites (horario flexible); y el 15%, determinar enteramente su horario. Trabajar en horarios atípicos -es decir, en sábados o domingos, con jornadas de más de diez horas, a turnos o por la noche- afecta a una proporción significativa de trabajadores: el 54% trabaja en sá­ bados, el 33% en domingo, el 27% realiza una jornada diaria de más de 10 horas y el 22% tiene un horario nocturno. El trabajo a turnos afecta al 23% de los trabajadores. Casi la mitad de estos lo hace en turnos fijos de mañana, tarde o noche y cuatro de cada diez lo hacen en turnos rotativos o alternativos. 
  • Difícil conciliación: El 25% de los trabajadores señala que tiene problemas para adaptar su horario laboral a sus compromisos sociales y familiares. Si observamos la evolución desde 2005, no se aprecia una mejora al respecto. En general, los hombres manifiestan tener más problemas para conciliar que las mujeres (26% y 22%, respectivamente). 
  • Mayor preocupación por las consecuencias del trabajo en la salud: El 37% de los trabajadores considera que su trabajo afecta de forma negativa a su salud. Esta percepción ha visto aumentada su magnitud en los últimos años, incrementándose en 10 puntos el porcentaje de trabajadores que asocian la actividad laboral con el deterioro de la salud. Además, son los hombres, los mayores, los trabajadores de la Construcción y de la actividad sanitaria los colectivos que presentan una percepción más negativa al respecto. Los trastornos musculoesqueléticos siguen siendo los problemas más habituales de salud manifestados. Así, las dolencias localizadas en cuello-hombro-brazo-mano se igualan, en frecuencia, a las dolencias de espalda (45% y 46%, respectivamente). Otros síntomas, tales como el cansancio general (45%), la cefalea o la fatiga visual (36%) y la ansiedad (17%) han visto incrementado su impacto, con prevalencias que superan sensiblemente a las de cinco años antes. En particular, el estrés en el trabajo afecta, “siempre o casi siempre” al 30% de los trabajadores, viéndose incrementada su magnitud en los últimos cinco años. Aunque es un problema creciente, no afecta por igual a todos los trabajadores, destacando el sector de la Salud como la actividad con mayor proporción de aquejados. Por otra parte, el 16% de los trabajadores tiene di­ ficultades, a diario o semanalmente, para conciliar el sueño, un 20% se despierta varias veces durante el sueño y el 19% se despierta cansado o fatigado. Las dificultades para alcanzar un descanso reparador parecen ser más notables entre las mujeres, los trabajadores mayores y en ciertas actividades como la sanitaria. Por otro lado, casi un tercio de los trabajadores comunica que han perdido algún día de trabajo por una baja médica o por motivos de salud, en el último año, siendo este porcentaje muy similar al de 2010. En promedio, por cada 100 días de baja médica al año, 22 serían atribuibles a accidente de trabajo, proporción que es superior en hombres, trabajadores mayores y en las actividades de Transporte y Construcción. Así mismo, de esos 100 días de baja, 32 serían atribuibles a problemas de salud relacionados o empeorados por el trabajo, siendo esta última estimación superior entre las mujeres y en las actividades de Educación y Salud. Además, el 41% de los trabajadores afirma que, en los últimos 12 meses, han trabajado estando enfermos, siendo este porcentaje superior al revelado por la encuesta de 2010 (35%).
Para mayor profundidad de análisis, acompañamos el Informe completo de la 6ª Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo publicada por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT).

domingo, 23 de abril de 2017

LA SINIESTRALIDAD EN 2016. RESUMEN.

Haciéndonos eco de los comentarios publicados por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social acerca de la siniestralidad acaecida en 2.016, resumimos lo que entendemos que son las conclusiones principales sobre los mismos. Debemos tener en cuenta que los datos de que se parte son un avance pero abarcan la anualidad 2.016 completa y no deben existir modificaciones sensibles.

  • Se ha producido un 5% más de accidentes con baja que en el 2.015.
  • Desglosando, el incremento -comparando los mismos períodos- de los accidentes con baja durante la jornada laboral es de l 4,8% y el 6,2% para los accidentes in itinere con baja. 
  • En todos los sectores de actividad se registra incremento de accidentes en relación a 2.015.
  • Sin embargo, en 2.016 se produce un descenso de un 3,5% de los accidentes mortales con respecto a 2.015 en general, aunque aumentan los accidentes mortales in itinere.
  •  Los accidentes graves se incrementan.
  • La variable sexo no  tiene influencia en el incremento pues se produce incremento en ambos sexos.
  • El Indice de Incidencia global es de 3.302 accidentes con baja por cada cien mil trabajadores y el Indice de Incidencia de los accidentes mortales durante la jornada laboral es de 3,27 por cada cien mil trabajadores.
  • Por sectores, el Indice de Incidencia más alto se da en Industrias extractivas, seguido de Construcción, Suministro de agua, saneamiento y gestión de residuos, Transporte y almacenamiento, Industria manufacturera y Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca.
  • Respecto a los índices de incidencia mortales, la mayor siniestralidad se presenta en Transporte y almacenamiento, a continuación se sitúa Industrias extractivas, Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca” y Construcción, todas ellas muy por encima de la incidencia media.
  •  Por Comunidades Autónomas (CCAA) destacan, en valores absolutos, Cataluña, Andalucía y Madrid. Y en lo que respecta a accidentes mortales debemos añadir a Galicia. Analizando los Indices de Incidencia en cada CCAA los índices superiores se dan, con datos globales, en Baleares y Castilla la Mancha y, si atendemos a accidentes mortales, los índices mayores se dan en Galicia, La Rioja y Castilla la Mancha.
  • En relación a la forma en que ocurren los accidentes, destacan los sobreesfuerzos con el 38,7% y los choques contra objetos inmóviles con el 24,3%. En lo referido a los mortales, el 46% se produce por infartos y derrames cerebrales y el 18,1% por accidentes de tráfico.
  • Según descripción de la lesión, los tipos más frecuentes en accidentes con baja en jornada son las dislocaciones, esguinces y torceduras, le siguen las lesiones superficiales y las fracturas de huesos con 33.777 accidentes. Estas tres categorías juntas aglutinan el 88% de los accidentes con baja en jornada.  

Para mayor ampliacion, os acompañamos el resumen y comentarios publicado por en citado Ministerio.

http://www.empleo.gob.es/estadisticas/eat/eat16dicAv/ATR_12_2016_Resumen.pdf

domingo, 16 de abril de 2017

"SMART WORKER" Y PREVENCIÓN DE RIESGOS LABORALES

Es algo evidente que las formas de trabajo van evolucionando de modo paralelo al desarrollo e implantación de las nuevas tecnologías como factor coadyuvante y necesario.

En este blog hemos abordado ya el impacto del teletrabajo sobre la gestión de prevención de riesgos laborales y la necesidad de la desconexión tecnológica, aspectos relacionados con la forma de trabajo propia del "smart worker". El teletrabajo se puede considerar un antecedente de la forma de trabajo que abordamos en esta ocasión y la necesidad de desconexión tecnológica se antoja cada vez más necesaria para las personas que trabajan sin lugar fijo.

Definamos que se considera un "smart worker". Básicamente, podemos decir que este tipo de trabajador puede prestar su servicio en cualquier sitio y a su elección, no tiene lugar concreto asignado. 

En los estudios que, inicialmente, se están realizando al efecto se habla de productividad, satisfacción, huida del presentismo con la movilidad y flexibilidad horaria consecuente, orientación a objetivos, etc, etc. Pero, ¿cómo puede afectar este modelo a la gestión de prevención de riesgos laborales?.

Desde luego, cuando tenemos un centro concreto y todos los puestos de trabajo agrupados en el mismo, la labor de prevención de riesgos laborales -en lo referido a gestión- es mucho más simple que cuando existe dispersión geográfica de centros, teletrabajo, etc. Pero cuando el trabajador por cuenta ajena no tiene ningún centro de trabajo y puede trabajar en cualquier lugar, la gestión preventiva es más complicada y depende, en gran medida, del trabajador y de su entorno.

Los puestos de trabajo que empiezan a prestar servicios bajo la fórmula de "smart worker" son comerciales, puestos de gestión y administración, con aumento paulatino a mayor número de puestos. 

Aunque aún no se ha investigado suficientemente al respecto, si se comienza a ser consciente del impacto que las nuevas formas de trabajo tienen sobre el ser humano y resulta claro que la gestión preventiva se debe adaptar con celeridad a este nuevo marco, no es admisible crear islas de descontrol debido al cambio de modelo de trabajo.

Simplemente con ánimo de crear debate, podemos decir que hay varios aspectos de la gestión preventiva que consideramos adquieren una importancia primordial en este nuevo modelo:
  • La Formación en materia preventiva: El trabajador estará sólo en casi todo momento y en lugares diversos así que debe ser capaz de conocer qué le puede perjudicar. Pensemos en riesgos posturales en función de lo que se tenga que realizar en un aeropuerto, en un tren, en una cafetería...o planteémonos incluso como gestionamos la prevención si el trabajador acude con regularidad a un espacio "coworking", es claro que se depende del trabajador para detectar las situaciones de riesgo a las que se somete.
  • Riesgos Psicosociales: Pensemos, como un ejemplo, en el estrés; a nadie se nos escapa que el movimiento continuo y la desubicación constante es un factor que puede incrementar el nivel de estrés y el trabajador debe disponer de herramientas que le permitan controlarlo. También podemos detenernos a pensar en las relaciones entre este modelo de trabajo y el burnout, seguro que podemos llegar muy lejos en nuestros pensamientos.
  • Riesgos derivados del uso de las nuevas tecnologías: Aunque puede estar relacionado con lo anterior, merece separarlo y hacerlo notar en mayor medida. El trabajador debe ser capaz de marcar fronteras nítidas entre su trabajo y su vida personal, aspecto que dificulta ser un "smart worker"; y no basta con que el trabajador sea capaz, sino que su entorno lo permita y su empresa lo fomente.

En síntesis, esto es un ejemplo de que la prevención de riesgos laborales debe adaptarse con celeridad a los nuevos modos de trabajo que ya tenemos aquí. Hace falta una dosis elevada de imaginación y gestión.


Con la intención de ilustrar el concepto de "smart worker" y la situación de cambio que estamos viviendo os acompañamos un interesante artículo publicado hace unos meses en www.expansion.com.

http://www.expansion.com/emprendedores-empleo/empleo/2017/02/23/58af3585e5fdea9a698b4596.html?cid=SMBOSO22801&s_kw=linkedin

domingo, 9 de abril de 2017

NOVEDADES EN EL RECIENTEMENTE APROBADO SISTEMA BONUS-MALUS

Como todos sabemos, existe la posibilidad normativa de que las empresas que cumplan con determinados requisitos relativos, fundamentalmente, a tasa de siniestralidad reduzcan el importe que les corresponde por cotización por contingencias profesionales. Es lo que conocemos comúnmente por el Sistema Bonus-Malus. 

Este aspecto ya estaba contemplado en la Ley General de Seguridad Social (LGSS), RDL 1/1994, en su Art.108.3, literalmente:

3. La cuantía de las primas a que se refieren los números anteriores podrá reducirse en el supuesto de empresas que se distingan por el empleo de medios eficaces de prevención; asimismo, dicha cuantía podrá aumentarse en el caso de empresas que incumplan sus obligaciones en materia de higiene y seguridad en el trabajo. La reducción y el aumento previstos en este número no podrán exceder del 10 por 100 de la cuantía de las primas, si bien el aumento podrá llegar hasta un 20 por 100 en caso de reiterado incumplimiento de las aludidas obligaciones.

Posteriormente, en base al artículo de la LGSS citado y otros aspectos interrelacionados, se publica el RD 404/2010 que concreta las condiciones bajo las cuales las empresas podrán obtener los beneficios de reducción de cotización a través de su Mutua de Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales (MATEPSS). 

Y muy recientemente ha sido aprobado por el Consejo de Ministros la nueva normativa que regulará este aspecto sustituyendo al citado RD 404/2010.

Siguiendo un resumen publicado en www.prevencionar.com, os dejamos las principales novedades de la modificación normativa:
  • Es requisito fundamental el cumplimiento de los requisitos de siniestralidad general y extrema.
  • Será exigible el cumplimiento de una serie de obligaciones en materia de prevención de riesgos laborales que serán acreditadas mediante una declaración responsable. 
  • Es imprescindible haber informado a los Delegados de Prevención de la solicitud de estos incentivos.
  • La cuantía del incentivo será el 5% de las cuotas por contingencias profesionales correspondiente al período de observación y con posibilidad de reconocer un 5% adicional.
  • El sistema de incentivos será financiado con cargo al Fondo de Contingencias Profesionales de la Seguridad Social con el tope en cada ejercicio del 3% del saldo de dicho Fondo.
  • La MATEPSS que presenten la solicitud por cuenta de sus empresas asociadas podrán ser perceptoras de un porcentaje a convenir entre las partes que nunca podrá superar el 10% del importe del incentivo.
  • Se reconoce la competencia de los facultativos de empresas colaboradoras en gestión de la Seguridad Social para la emisión de partes médicos de baja por contingencia profesional, de confirmación de baja y alta médica por curación, tal y como hacen las MATEPSS.

domingo, 2 de abril de 2017

DOS VISIONES DIFERENTES SOBRE LAS CAUSAS DEL BURNOUT Y VÍAS DE SOLUCIÓN

Estaremos de acuerdo que el síndrome de Burnout está adquiriendo mayor importancia en nuestro entorno laboral, posiblemente debido a los modos y estilos de vida que soportamos, etc.

Pero si profundizamos en las causas subyacentes, aparecen estudios que se centran en factores externos al trabajador, como la organización de trabajo y su intensidad, y otros que estiman que las causas son internas a los factores psicológicos internos y el comportamiento de cada trabajador.

Si atendemos a los factores externos al trabajador podemos hacernos eco de  una encuesta reciente llevada a cabo por Harris Poll y Kronos, la cual reveló que casi la mitad de los líderes de Recursos Humano reconocen que el agotamiento laboral es una de las principales causas de improductividad de las empresas, unos niveles que pueden descender hasta la mitad de no tratarse a tiempo. Abordando las causas el estudio citado señala a las compensaciones injustas (41%), las elevadas cargas de trabajo (32%) y al exceso de horas extras (32%) como las tres principales fuentes de agotamiento laboral. Además, también se reflejan problemas derivados de una mala gestión (30%), una desconexión con la estrategia de la empresa (29%) y de una cultura de trabajo negativa. Pero ¿cuáles son las soluciones?

Evidentemente, se centran en la organización y se propone la recompensa del trabajo bien hecho, implantación de horarios flexibles, conocimiento del trabajador en relación al puesto desempeñado, distribución adecuada del trabajo y racionalización de horarios como las líneas principales de trabajo para minimizar la aparición y los efectos del burnout. Los motivos están vinculados claramente a la productividad.

En la otra línea de pensamiento, la que aporta las soluciones en base a la actuación personal del trabajador, la entidad Statista en Estados Unidos, en Febrero de 2.017, ha realizado un estudio en el que concluye que contar con estabilidad familiar y hacer deporte son los dos elementos que más ayudan a combatir los efectos del burnout.

Además de lo anterior, también se señala el tener un hobby, tener suficientes vacaciones, menor presión laboral, no tomarse el trabajo tan serio o tener compañeros agradables como otros factores protectores ante el burnout. Como vemos, algunos son factores organizacionales y otros no.

Lo que en principio pudieran parecer dos visiones contrapuestas, en nuestra opinión, no lo son. El carácter complementario es el que debe prevalecer y, como suele suceder, las causas y soluciones serán un compendio de los dos puntos de vista: la organización debe tener en cuenta los aspectos de carácter general y el individuo debe trabajar sobre sí mismo para establecer estrategias de defensa ante determinadas situaciones que se produzcan o se vayan a producir. Un sesgo excesivo hacia los factores organizacionales llevaría implícito el pensamiento de que todos reaccionamos igual ante los mismos estímulos y si el sesgo fuera hacia los factores personales de cada trabajador supondría eliminar la importancia de los factores de organización del trabajo, y tampoco debe ser así.

Os acompañamos enlaces a las noticias de ambos estudios publicadas en www.prevencionintegral.com con la intención de ampliar lo expuesto.